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jueves, diciembre 8, 2022
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La Talavera Negra y sus leyendas: El Alcalde brujo. Parte II

Siguiendo la estela de La Talavera Negra: Conoce estas 9 leyendas de Talavera. Parte I seguimos profundizando en la historia de Talavera con La Talavera Negra y sus leyendas: El Alcalde brujo. Parte II y otras dos leyendas de la mano de Javier Gil y Miguel Méndez Cabeza.

Descubre la historia profunda de El alcalde brujo (1), Catalina Sánchez la adoradora del demonio. Y Isabel de la llave, la primera fumadora de la Calle Mesones (3).

¡Vamos a conocerlas!

| 1 |  El Alcalde brujo

La Talavera Negra y sus leyendas: El Alcalde brujo. Parte II
Fuente: lamejortierradecastilla.com de Miguel Méndez-Cabeza. Detalle de un panel de azulejos talaveranos en que se representa al diablo.

Alonso de Montenegro es tal vez el personaje más terrorífico y criminal de la historia de Talavera. Hijo de una noble familia talaverana siempre se sintió atraído por las mujeres y la brujería. Se decía que Alonso y su hermana eran descendientes de moros y tenían un libro de hechicerías que le había dado su abuelo. Para que funcionasen esos encantamientos de magia negra debía de renegar de la fe cristiana para lo cual tuvo que incumplir todos los mandamientos. Lo primero que hizo fue ir contra el de respeto a los padres y escupió al suyo en la cara. Alonso en cierta ocasión quiso que su hermana también renegara del cristianismo. Y esta al oponerse sufrió golpes por todo el cuerpo y la arrastró de los pelos hasta que quedó inconsciente.

Al final consiguió su propósito y su hermana se convirtió en su perversa aliada. Se dice que mantenía relaciones sexuales con ella. Tuvieron tres hijos y las crónicas sugieren que asesinó al primer. El segundo murió ahogado en extraña circunstancia. Y el tercero azotado salvajemente por Montenegro logró su muerte. En otra ocasión al descubrir una criada embarazada de siete meses le abrió el vientre y sacó al bebé. El cual estaba vivo ante lo cual le mató y le enterró en el corral.

En su casa años después de su muerte encontrados niños momificados colgando del techo.

Este adorador del diablo tenía negocios en Navarra. Allí llegó a casarse con tres mujeres de diferentes pueblos sin que ni una ni otra lo supieran. Posteriormente se casó oficialmente con otra mujer de Santa Olalla a la cual arruinó económicamente.

En 1550 era nombrado alcalde de Talavera ante el pesar de los ciudadanos, los cuales le temían. A pesar de tener su mujer oficial el alcalde era conocido por frecuentar los prostíbulos y en especial a Catalina Sánchez. De la que era amante y libró de muchos delitos pues se decía que cuando juzgaba perdonaba a los malos y castigaba a los buenos, se tienen noticias de que con esta mujer invocó a Lucífer en el cementerio del Salvador a la luz de las velas y con el libro satánico que su abuelo de había dado vendiendo su alma al diablo y la de sus tres hijos. Decían que podría provocar tormentas en los campos de quien no le temía para acabar con sus cosechas.

También utilizaba sus hechizos para enamorar a jovencitas que caían en sus brazos.

Aparte de todo eso era un pésimo administrador y dejó temblando las arcas del Ayuntamiento. Se dice que se pagaba así mismo y sus allegados quienes se quedaban con todas las rentas de los talaveranos e impuestos de las tierras.

Al final el Alcalde era detenido. No por sus crímenes de brujería y asesinatos sino por una denuncia en la que se le acusaba de poligamia. El noble achacó que estaba enamorado de todas sus mujeres pero fue condenado a galeras. Pena que nunca cumplió porque al ser hidalgo pagó una multa para librarse.

| 2 | Catalina Sánchez, la adoradora del demonio

Juicio de brujas. El juicio de las brujas de Salem, Massachusetts. Litografía de George H. Walker (Bettmann Archive/Getty Images).

Catalina Sánchez era una conocida bruja de Talavera, tal vez de la que más testimonios e historias tenemos. Como ya hemos visto, Catalina fue amante del alcalde nigromante Alonso de Montenegro.

Se sabe que en la iglesia de San Andrés se encerraba por la noche junto a Alonso de Montenegro e invocaba al diablo cojuelo y otros demonios quienes tomaban forma de cerdos que chillaban dentro de la Iglesia atemorizando a los vecinos. Se dice que pintaba con ceniza en el piso una cruz de David invertida. E inscrita en un círculo símbolo de la puerta al infierno, en este dibujo la bruja se encerraba para que los cerdos luciferinos no le atacaran. Esta cruz estaría situada en la capilla de los Carvajales. También ponía en las esquinas de la iglesia nueve monedas, número que la cábala achaca al mal.

Se dice que al hacer obras hace unos años en la Iglesia. Y levantar el suelo que había. Se descubrió ceniza y pintura con forma de la cruz de David bajo las tablas que se colocaron a finales del siglo XVII

Varios testimonios recogidos por el Historiador Juan Blázquez de Miguel, nos hablan de las fechorías de esta mujer que como decimos tenía querencia por celebrar estos ritos en la zona de San Andrés. De todas las brujas es la que más relaciones satánicas parece haber tenido. Profundamente anti religiosa no dudaba en enfrentarse a la Iglesia y hacía lo posible por violar todo lo que se consideraba sagrado. Sin embargo cuando los demonios en forma de cerdos intentaban atacarla, ella encerrada en su círculo inscrito en la cruz de David les arrojaba agua bendita y les enseñaba reliquias de santos.

En el siglo XIX otras pruebas de sus ritos se encontraron al abrir la tumba de los Carvajales. Y ver como los huesos estaban recolocados y con pruebas de ritos paganos en ellos. Se dice que Francisca practicaba magia negra para atraer a los hombre. Y que era conocida por su ligereza moral y ser de las pocas mujeres que bailaban danzas eróticas conocidas en la época como “La Chacona” y la “Zarabanda”.

| 3 | Isabel de la Llave, la primera fumadora de la Calle Mesones

Fuente: lamejortierradecastilla.com de Miguel Méndez-Cabeza. Calle Mesones, fotografiada por R. de Luna.

A mediados del siglo XVI vivía en la calle Mesones de Talavera de la Reina una hermosa mujer llamada Isabel. Su marido era un intrépido marinero que había llegado a navegar por los siete mares. Isabel, era una mujer amante de su casa y de su marido. Aunque tenían un problema, que disgustaba grandemente a ambos: Isabel no se quedaba nunca embarazada.

Una primavera, las naves españolas iban a partir desde el puerto de Cádiz en una travesía que les iba a llevar durante varios meses a recorrer las costas de América Central. Durante este periplo, Isabel, quien era una mujer muy hermosa, cuidaba de la casa y de unas tierras que tenía en la localidad de Belvis de la Jara. Isabel además de bella, era una mujer muy limpia para su tiempo. No hay que olvidar que bañarse diariamente estaba considerado por los españoles de aquella época como un signo de judíos.

De todas maneras Isabel llenaba una tinaja con agua del pozo del patio y luego se sumergía en ella durante horas. Esto le relajaba mucho y le hacía olvidar la pena de tener a su esposo en tierras tan lejanas. Isabel cometió el error una tarde de verano, de dejar la ventana de su cuarto abierta para que entrara la fresca brisa del Tajo. Olvidando que desde la ventana vecina alguien podría verla.

Efectivamente, una anciana curiosa, cada tarde la veía bañarse en su tinaja. Esto le valió a Isabel una denuncia ante el Tribunal de la Santa Inquisición, aunque como nada pudo probarse, Isabel fue dejada en libertad. Dos años mas tarde cuando su marido regresó de la isla de La Española, le trajo a Isabel muchos regalos: la resina seca de un árbol que se masticaba sin tragar, varios abalorios de cuero y conchas comprado a los indígenas y una especie de hojas grandes enrolladas, cuya punta los indios quemaban y por el otro extremo chupaban el humo con gran placer. Sin saberlo Isabel estaba probando uno de los primeros puros que llegaron a Europa.

Cuando su marido en primavera volvió a enrolarse en otro navío conquistador, Isabel volvió a cometer el error de dejar la ventana abierta, esta vez, la anciana cotilla avisó al cura de la parroquia cercana de Santiago y ambos espías ante su estupor, no solo vieron a Isabel bañarse en su tinaja, sino que esta soltaba bocanadas de humo por la boca mientras chupaba un extraño instrumento semejante a un falo. Esta vez la denuncia tuvo una sentencia inculpatoria e Isabel, condenada a muerte, era quemada en la plaza de la Cruz Verde por bruja. Cuando su marido regresó a Talavera y entró en su casa, encontró la tinaja aún repleta de agua y sobre la superficie habían nacido nenúfares.

El hombre quien tantas veces se había salvado de estragos en la mar, del acoso de los piratas ingleses y las racias de los indígenas corrió hacia el río y gritando el nombre de Isabel se tiró y nunca se supo más de él. Aún hoy, dicen… si cruzas el puente romano justo a la hora en la que Isabel fue quemada (las dos de la madrugada) y uno se asoma al río, puede ver el rostro de la mujer y escuchar sus espeluznantes gritos cuando las llamas comenzaron a consumirla.

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